podrás defenderte de mi último ataque?
siento subir el odio como un pez por mi meada
tiene cara de víscera y derecho de admisión
su único ojo es un
ojo anochecido y como las estrellas muertas
se quiere comer el mundo con su fuerza ciega:
es el hambre feroz que no conozco
es el hambre feroz que no conozco?
y la mejilla pálida de la madre?
y el frío? y la basura arrodillada bajo un árbol
martirizado?
no son el hambre, pero allí estaban sus hijos comiendo
lo que mamá me pedía que baje.
es el hambre feroz que no conozco.
diría: hoy puedo tocar tu boca rota, marmoleada por el
frío
pero sería mentir. Otra vez.
aquí estoy defendiéndome del ataque, de la complicidad asesina
por la que fui preparado, correcto, mecánico
con una xenofobia lustrosa, que viaja por mi lenguaje
para asesinar.
el recuerdo es limpio: tu cabeza colgaba de la carreta
el caballo pastaba de una zanja, perdido.
como un tejido dorado y sedoso, como tu único lujo
un hilo de sangre colgaba de tu boca
colgaba, como tus brazos, dócil
y el caballo pastaba de una zanja, perdido.
te golpearon con contundencia, era matemáticamente
razonable
la golpiza que te dieron. Me habías pedido un chicle
eso era todo
y como eras pobre, eras villero y pobre
y manejabas tu carreta con cartones, basura, algo
rescatable
y me habías pedido un chicle.
eso bastó, sólo eso.
había entendido durante mucho tiempo
que los que te machacaron “estaban cansados”
-los héroes de mi infancia, dándome una lección de justicia
civilización y amor: porque me defendieron de vos.
podrás defenderte de mi último ataque?
ayer mataron a patadas a tu hermano David Moreyra
fueron implacables
era mi niño educado de antes que decía, sin pensarlo
demasiado
“negros de mierda” a los villeros de la circunvalación.
ese niño
muchas veces, es asesino en el corazoncillo de otro.
deberías defenderte
llenar tus ojitos de rabia y defenderte
porque es mortal, silencioso y educado
y en una mano empuña el hambre
y en la otra las patadas.
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